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  DANIEL ALOMÍA ROBLES

Folclorista, compositor y recopilador de más de 600 melodías autóctonas de nuestro Perú profundo. Es considerado por muchos intelectuales como el precursor del nacionalismo musical peruano y, es menester ser llamado, celebridad mundial. Ante la alienación y occidentalización de músicos y compositores peruanos del siglo XIX, emerge Daniel Alomía Robles, músico con sentimiento peruanista y con una pasión identitaria para poner un alto a la extranjerización y sentar las bases de la música peruana, al mismo tiempo para promover su desarrollo, prestancia y sostenibilidad en el tiempo.

Daniel Alomía Robles, con sus múltiples trabajos realizados en los más recónditos lugares de la selva central, costa y andes peruanos, estimula y sienta un precedente para que, compositores e investigadores de la época y subsiguientes, dirijan su mirada a lo puro y prístino de la música peruana.

Hoy 3 de enero de 2021, encomiamos los 150 años del nacimiento de este insigne músico huanuqueño, sus obras, así como su nombre, trascendió fronteras diseminándose en el mundo entero. Daniel Alomía Robles, nace un 3 de enero de 1871 en la ciudad de Huánuco, de madre huanuqueña y padre ecuatoriano, su contacto con la música se dio desde muy tierna edad influenciado por su tío materno Manuel Eustaquio Robles Malpartida (organista y cantante de la iglesia Las Mercedes), con quien solía acudir a ella y ser partícipe del coro que él dirigía, a la vez de ser un asiduo participante de las comparsas tradicionales y tertulias musicales en casas solariegas huanuqueñas de la época.

Cuando ya adolescente, Daniel viaja a Lima para seguir sus estudios secundarios bajo la tutela de otro tío materno, el profesor Antonio Robles, quien influiría en él a estudiar dibujo, pintura y escultura. No obstante; nuestro insigne personaje abandonaría esta disciplina para dedicarse a la música, por ser este arte, el que más caló en el alma y subconsciente del joven Daniel. Tiempo después conocería al compositor de música religiosa Manuel de la Cruz Panizo (negro liberto) con quien entablaría una muy buena y estrecha amistad, y le daría las primeras lecciones técnicas musicales. Luego de la muerte de Panizo, continuaría su aprendizaje musical como discípulo de Claudio Rebagliati (músico y compositor italiano) y, posteriormente, haría lo propio como discípulo de Andrés Bolognesi (padre del héroe de Arica). No cabe duda que estos tres maestros suministraron en Daniel Alomía Robles los elementos musicales básicos, lineamientos indispensables y necesarios para que después vislumbre al mundo con sus monumentales obras.

Presionado por la familia y obedeciendo a seguir la carrera de medicina, Daniel Alomía Robles ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a la facultad médica de San Fernando, donde permaneció por un lapso de tres años. Sin embrago; abandonó las aulas universitarias, pues más pudo su pasión por la música que las ciencias médicas. En ese mismo tiempo se relacionó con artistas de teatro y trabajó como ayudante de escenas donde aprendió ciertos lineamientos básicos de teatro.

El inicio de su fructífera labor como recopilador de melodías ancestrales se da luego de presenciar un hecho sorprendente de curación de uta que lo dejó atónito. Cuando Daniel Alomía Robles gozaba de unas cortas vacaciones en Matucana, vio como un curandero herbolario indio utilizó el jugo de una planta oriunda de Chanchamayo para curar al sacristán del pueblo que estaba atacado por la uta (especie de lepra) que ya le había carcomido gran parte del rostro. El curandero untó con ese jugo de planta milagrosa las heridas del sacristán sanándolo en pocos días; Daniel, sorprendido por este suceso, compró el remedio y se lo llevó a Lima para curar a varias personas con similares enfermedades. Al advertir la eficacia del remedio, quiso investigar cual era esa planta prodigiosa, y es así como Daniel Alomía Robles y tres amigos más, emprenden el viaje a la selva central de Chanchamayo para obtener aquella planta prodigiosa.

Varallanos, J. (1988). Alomía Robles parte de Lima, primero con dirección a Jauja, luego a Santa Rosa de Ocopa, La Merced y finalmente a San Luis de Shuaro, donde entabló una amistad muy cordial con el Padre José Gabriel Sala[1]. Fue este notable misionero franciscano español quien enrumbó o acentuó la aptitud musical de Alomía Robles en la comprensión, recopilación y cultivo de las melodías populares y folclóricas. Además, como muestra de la labor que iba a emprender Daniel Alomía Robles sobre el terreno, le proporcionó las dos primeras canciones recogidas por él mismo en la tribu de los Campas a la que catequizaba. 

Luego de esta hazaña en la selva central, Alomía Robles emprendería un itinerario muy arduo en la recopilación, ya no del propósito inicial que era la de investigar sobre la planta curativa, sino, recopilar melodías ancestrales folclóricas, tribales, indígenas de costa, sierra y montaña que, a la fecha, todavía se encontraban en estado prístino. Hoy podemos ser testigos de lo grandioso de sus obras que el mundo conoce y canta, obras que calaron en la mente, en el alma del peruano y que nos sirve como referencia de identidad donde quiera que nos encontremos.

 

Fuente: José Varallanos (1988)

Rollin Max Guerra Huacho

 

 



[1] Fundador del Centro Misional Franciscano de ese pueblo, fraile colonizador que dirigió la construcción del camino de La Merced a San Luis de Shuaro. Él mismo fue explorador de esas tierras, lingüista, autor del Diccionario de Lenguas Nativas y recopilador de las canciones nativas de los Campas.

 

 

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