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DANIEL ALOMÍA ROBLES

 

Autor: Rollin Max Guerra Huacho

El pasado 17 de julio del presente año se conmemoró los 79 años del fallecimiento de uno de los más grandes precursores del nacionalismo peruano, me refiero, al insigne musicólogo huanuqueño, Daniel Alomía Robles, un arquetipo de peruanidad y de raigambre andino-mestizo que vislumbró al mundo entero con sus obras de espíritu pueblerino andino, melodías que calaron vertiginosamente en el subconsciente de su gente, de su pueblo y de muchas naciones en el mundo. Fue un incansable caminante de recónditos parajes de nuestro Perú profundo, se dice que no conocía de los secretos técnicos de la composición, pero poseía una vena lírica genuina y una musicalidad natural de apreciables alcances.

Nuestro ilustre personaje nace en la ciudad de Huánuco un 3 de enero de 1871 y fallece en Lima un 17 de julio de 1942, Daniel, de madre huanuqueña y padre ecuatoriano de ascendencia francesa, inicia su largo periplo en contacto con la música desde muy tierna edad e influenciado por su tío materno Manuel Eustaquio Robles Mal partida (organista y cantante de la iglesia Las Mercedes), con quien acudía constantemente a la iglesia para ser partícipe del coro dirigido por su tío, a la vez de ser un asiduo observador participante de las comparsas tradicionales que se solían dar en los días festivos y patronales de la ciudad, así como también, era un empedernido observador de tertulias musicales en casas huertas solariegas huanuqueñas de la época; todas estas vivencias empíricas hicieron que el niño Daniel enraíce en su ser y empatice con todos esos aires melódicos andinos y citadinos de Huánuco.

Cuando ya adolescente, Daniel viaja a Lima para seguir sus estudios secundarios bajo la tutela de otro tío materno, el Prof. Antonio Robles, luego, por sugerencia de este mismo tío benefactor, Daniel estudiaría dibujo, pintura y escultura, pero abandonaría esta disciplina por la música, por ser este arte el que más caló en el alma y subconsciente del joven Daniel. Tiempo después conocería al compositor de música religiosa Manuel de la Cruz Panizo (negro liberto) con quien entablaría una muy buena estrecha amistad y quien le daría las primeras lecciones sobre técnicas musicales; luego de la muerte de Panizo, continuaría su aprendizaje musical como discípulo de Claudio Rebagliati (músico y compositor italiano) y, posteriormente haría lo propio como discípulo de Andrés Bolognesi (padre del héroe de Arica). No cabe duda que estos tres maestros suministraron en Daniel Alomia Robles, los elementos musicales básicos, lineamientos indispensables y necesarios para que a posterior vislumbre al mundo con sus monumentales obras.

Obligado por la familia y obedeciendo a seguir la carrera de medicina, Daniel Alomía Robles ingresa a la UNMSM a la facultad médica de San Fernando donde permaneció por un lapso de tres años, pero abandonó las aulas universitarias, más pudo su pasión por la música que las ciencias médicas; en ese mismo tiempo se relacionó con artistas de teatro y trabajó como ayudante de escenas donde aprendió ciertos lineamientos básicos de teatro.

El inicio de su fructífera labor como recopilador de melodías ancestrales se da luego de presenciar un hecho sorprendente de curación de uta que lo dejó atónito. Cuando Daniel Alomía Robles gozaba de unas cortas vacaciones en Matucana, vio como un curandero herbolario indio utilizó el jugo de una planta oriunda de chanchamayo para curar las heridas de un sacristán del pueblo que estaba atacado por la uta (especie de lepra) que ya le había carcomido gran parte de la cara, el curandero untó con ese jugo de planta milagrosa el ulcerado rostro del sacristán, sanándolo en pocos días. Daniel, sorprendido por este suceso, compró el remedio y se lo llevó a Lima para curar a varias personas con similares enfermedades, al advertir la eficacia del remedio, quiso investigar cual era esa planta prodigiosa y, es así como Daniel Alomia Robles y tres amigos más, emprenden el viaje a la selva central “Chanchamayo” para obtener aquella planta y su posterior estudio.

Varallanos, J. (1988). Alomía Robles parte de Lima, primero con dirección a Jauja, luego a Santa Rosa de Ocopa, La Merced y finalmente a San Luis de Shuaro, donde entabló una amistad muy cordial con el Padre José Gabriel Sala, fundador del Centro Misional Franciscano de ese pueblo, fraile colonizador y quien dirigió la construcción del camino de La Merced a San Luis de Shuaro, el mismo que era explorador de esas tierras, lingüista, autor del Diccionario de lenguas nativas y recopilador de las canciones nativas de los Campas. Fue este notable misionero franciscano español quien enrumbó y acentuó la aptitud musical de Alomía Robles a la captación, recopilación y cultivo de las melodías populares y folclóricas; fue también este religioso que, como muestra de la labor que iba a emprender Daniel Alomía Robles sobre el terreno, le proporcionó las dos primeras canciones recogidas por el mismo en la tribu de los Campas a la que catequizaba.

Luego de esta hazaña en la Selva Central, Alomía Robles emprendería un itinerario muy arduo en la recopilación, ya no del propósito inicial que era la de investigar sobre la planta curativa, sino recopilar melodías ancestrales folclóricas, tribales, indígenas de costa, sierra y montaña que, a la fecha, todavía se encontraban en estado prístino. Hoy podemos ser testigos de lo grandioso de sus obras que el mundo conoce y lo canta, obras que calaron en la mente, en el alma del peruano y que nos sirve como referencia de identidad donde quiera que nos encontremos.

Nuestro egregio personaje recopiló más de 600 melodías autóctonas de nuestro Perú profundo y es considerado por muchos intelectuales como el precursor del auténtico nacionalismo musical peruano y, es menester ser llamado, celebridad mundial. Ante la alienación y occidentalización de músicos y compositores peruanos del siglo XIX, emerge Daniel Alomía Robles, músico con sentimiento peruanista y con una pasión identitaria para poner un alto a la extranjerización y sentar las bases de la auténtica música peruana, al mismo tiempo de promover su desarrollo, prestancia y sostenibilidad en el tiempo.

Daniel Alomía Robles, con sus múltiples trabajos realizados en los más recónditos lugares de la selva central, costa y andes peruanos, estimula y sienta un precedente para que compositores e investigadores de la época y subsiguientes dirijan su mirada a lo auténtico, a lo puro y prístino de la música peruana. Diversas instituciones y personalidades del mundo artístico manifestaron y manifiestan profundo interés por sus obras. Alomía Robles no sólo legó una estupenda colección de melodías nativas, sino que logró como compositor, una propuesta sencilla, pura y espontánea en el manejo de los materiales sonoros andinos, propuesta visionariamente ligada al quehacer del compositor peruano del mundo contemporáneo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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